Airbnb y la lógica del reparto adecuado » Enrique Dans



Airbnb y la lógica del reparto adecuado » Enrique Dans



Recortado de: https://www.enriquedans.com/2018/09/airbnb-y-la-logica-del-reparto-adecuado.html

El razonamiento de Airbnb es claro: a la compañía le va mejor cuanto mejor le va a sus anfitriones, y otorgar un porcentaje del capital a los propietarios desde una etapa temprana puede contribuir a alinear los incentivos entre dichas empresas y sus participantes, en beneficio de ambos. Otras compañías, como Uber o Juno, habían planteado esquemas similares anteriormente, pero terminaron descartándolos debido fundamentalmente a su complejidad desde un punto de vista legal.

La idea planteada ahora por Airbnb sigue una interesantísima tendencia de replanteamiento de los esquemas de propiedad y reparto de valor en la economía: la gran mayoría de las compañías exitosas hacen ricos a sus fundadores y a quienes tuvieron la fortuna de recibir acciones en virtud de esquemas muchas veces arbitrarios, pero, en muchos casos, están muy lejos de ser justas para con sus trabajadores o para con otros actores que pueden resultar, en muchos casos, fundamentales en su desarrollo y actividad. Desde un punto de vista filosófico, la idea de tratar bien al usuario puede tener, lógicamente, mucho sentido, pero pretender que lo hagan trabajadores insuficientemente pagados o que trabajan en condiciones poco confortables puede resultar incoherente. A lo largo de las últimas décadas ha cundido una epidemia de frugalidad en las compañías, que en muchos casos fueron prescindiendo de comodidades y privilegios que tenían con sus trabajadores con el fin de engordar sus cuentas de resultados, justificándolo como una manera de hacerse más atractivas maximizando los beneficios de sus accionistas.

El equilibrio y la priorización entre los beneficios de esos tres actores, accionistas, trabajadores y usuarios, ha sido protagonista de numerosas reflexiones, como la que llevó a cabo Jack Ma cuando su compañía, Alibaba, salió a bolsa, y que afirmaba que sus prioridades eran claramente “customers first, employees second, and shareholders third: el dinero de los accionistas es importante y necesario para el crecimiento, pero la compañía solo es sostenible a largo plazo si los clientes están satisfechos, y solo unos empleados satisfechos pueden transmitir esa satisfacción a sus clientes. Si aplicas la frugalidad hasta el punto de que tus empleados carezcan prácticamente de beneficios, estén pagados por debajo del mercado y estén constantemente escuchando cantos de sirena desde otras compañías, o los obligues a viajar en condiciones incómodas, transmitirán a los clientes unas sensaciones completamente distintas a las que podrían transmitir si se considerasen privilegiados que trabajan en una compañía que perciben que los trata de maravilla. Si quieres que tus empleados traten bien a sus clientes, empieza por tratarlos a ellos como lo que son: el activo en muchos casos fundamental en esa relación. Si los obligas a viajar en condiciones incómodas, a alojarse en hoteles baratos o les pagas sueldos que no soportan una comparación con los beneficios obtenidos por la compañía, ¿qué les estás diciendo que esperas realmente de ellos?

La idea, por ejemplo, de un Jeff Bezos convertido en una de las personas más ricas del mundo mientras la práctica totalidad de sus empleados perciben sueldos habitualmente discretos y ejercitan una política de frugalidad de una manera casi obsesiva y, en los casos más extremos, viven prácticamente de la beneficencia incide en uno de los problemas más complejos del mundo actual: la gestión de la desigualdad, y la conveniencia de que una compañía se apalanque en un recurso público para paliar las paupérrimas condiciones en las que mantiene a una parte de sus empleados, a los que considera prácticamente como un recurso fungible. ¿Vale la pena, como cliente, recibir productos y servicios en muy buenas condiciones, si eso se logra a base de explotar a los trabajadores? ¿Tiene sentido buscar ideas sobre acciones filantrópicas para llevar a cabo con tu fortuna, mientras mantienes a tus empleados en condiciones absurdamente frugales? ¿Realmente podemos encontrarnos a gusto cuando, desde la comodidad de nuestra casa, pedimos un Glovo o un Deliveroo y aparece un repartidor empapado y mal pagado con el envío que hemos pedido? ¿Vale la pena alentar ese tipo de modelos? En muchos sentidos, añoramos el modelo de hace algunas décadas, en el que el trabajador se sacrificaba por su compañía porque trabajar en ella le permitía sentirse en muchos sentidos un privilegiado: el modelo actual puede ser que resulte marginalmente más rentable, pero en términos de equidad y sostenibilidad, deja mucho que desear. Iniciativas de reparto de valor como la de Airbnb, modelos que remuneren al trabajador por el valor generado, esquemas dinámicos de reparto de capital entre los participantes en una iniciativa o la búsqueda de condiciones de sostenibilidad y remuneración de los participantes son formas de plantearse que esa alocada carrera hacia la rentabilidad a coste de todo lo demás podría estar basada en principios insostenibles, escasamente éticos y, en último término, destinados al fracaso. O simplemente, una señal de que algunos deberían comenzar a replantearse muchas cosas.

 

 

 

This article was also published in English on Forbes, “Could Airbnb point the way to fairer distribution of profits?”